Una cocina visualmente atractiva

El blanco es, como se suele decir, una de esas cosas que nunca pasan de moda. Y en el caso de las cocinas en general y los electrodomésticos en particular, no es que sea un color, es que es EL color. Otros llegarán y pasarán, y el blanco podrá perder algo de su vigencia como factor de moda para las cocinas, pero nunca quedará del todo desfasado.

 

Blanco, un color ideal

Voy a intentar dar algunas razones según las cuales instalar electrodomésticos blancos es, en mi opinión, apostar a caballo ganador.

Y la primera de ellas no tiene absolutamente nada que ver con el estilo, sino con algo que en una cocina resulta tan práctico y fundamental como la higiene. Además del hecho de que relaja los sentidos, a lo que me quiero referir es a que el blanco es un color que asociamos con la idea de limpieza, de espacios asépticos y de estancias sin bacterias ni demás “fauna indeseada”. Al fin y al cabo, ¿de qué color son las habitaciones de hospital?

Pero hay más motivos, y estos ya son directamente estéticos, como lo es de la luz. O, como se dice ahora, la luminosidad. No hay nada más efectivo en ese sentido que el color blanco. El más potente sería el llamado blanco nuclear, lo que pasa es que resulta demasiado arriesgado, ya que llega a un punto tal de pureza que resulta hasta irritante. Por ello son más aconsejables los blancos rotos o hueso, combinados siempre con algún toque de color. La combinación que nunca falla es la de blanco y negro.

Blanco y negro, todo un clásico

Otro de los más importantes motivos para tirar de blanco en una cocina es, más que estético, óptico. Y es que está más que demostrado que ningún color da tanta sensación de amplitud como lo hace el blanco. ¿Se trata entonces de un engaño? Pues un poco sí, pero bienvenido sea. Porque cuanto más oscuro sea el color de los electrodomésticos… ¡más se nos van a comer dentro de nuestra propia cocina! Los electrodomésticos con un acabado más tirando a brillante que a mate también dan argumentos a esta experiencia sensorial.

Eso sí, existe una pequeña pega que debemos considerar antes de convertir nuestra cocina en un quirófano. Y es que el blanco no es un color limpio, aunque suene paradójico. Ya me entendéis, yéndonos al extremo más absoluto para ejemplificarlo, una cocina negra nos parecerá pequeña, agobiante y terrible… pero no sucia. Si estamos en una cocina en la que todo sea blanco, la más mínima mancha nos llamará la atención. Es lo malo de este color, por lo demás, muy positivo: que nos va a obligar a limpiar mucho más que cualquier otro si queremos tener la sensación de estar en una cocina como tiene que ser.

 

Pequeños (y no tan pequeños) contrastes de color casi siempre resultan bien.

Diseño para presumir

Diseño y color para presumir… ¡siempre que nuestra cocina no termine pareciendo el Polo Sur! Por eso es muy importante que sepamos “controlar” nuestros impulsos. No es difícil. Como comentábamos un poco más arriba, basta con saber poner aquí y allá pequeños toques de color más vivo para que la cocina tenga un poco de calor de hogar. Ya hemos dicho que la mezcla con el negro siempre resulta airosa, aunque muchos otros “mix” pueden salir triunfadores, como el blanco con el beige. El rojo, en sus numerosas variantes, es otro color que va muy bien con el blanco, si bien no debe ocupar demasiado espacio, a riesgo de que resulte un poco agresivo, y lo será más cuanto más “pasión” sea el rojo. Rojos teja y carruaje suponen una buena jugada para conseguir un punto vintage. Ahora bien, las cartas sobre la mesa: si queremos una combinación fifty – fifty de blanco y rojo, podemos encontrarnos con una cocina de los años cincuenta. Y bien pensado, eso no está pero que nada mal. Un efecto muy semejante sucede con el rosa. El blanco + rosa queda un tanto princesas Disney, pero la verdad es que el resultado siempre resulta, además de romántico, muy agradable.

Otra idea que suele funcionar es la de sumar electrodomésticos totalmente blancos a las paredes oscuras. Pero sin pasarse con la oscuridad, por favor, ¡que no se trata de acabar pareciendo que cenamos en una cueva! No puedo dejar de advertir de algo que a mí, particularmente, no es que me vuelva loco, pero sí es cierto que está de moda. Hablo de la suma del blanco más marrón oscuro. Ya digo, a mí no me entusiasma, pero es verdad que ahora se lleva mucho.

Pero no sólo se trata de fijarnos en el color, sino también en los materiales. Y es que sumar al blanco remates en acero o paneles de madera (la madera, mejor, con el blanco crudo) suele ser un puntazo muy original, pero rara vez chillón.

¡Nucleares no!

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