Una cocina de pueblo

… se entiende que en la ciudad, ¿no? La primera puntualización que opino que hay que hacer es que, si queremos optar por el estilo rústico en la cocina, deberíamos mantener una cierta coherencia con el resto de la estética de la casa. Una cocina con un toque muy campestre dentro de un conjunto funcional, pues como que no. Hecho este pequeño matiz, vamos a desarrollar un poquito el tema.

 

Más rústica imposible

Materiales rústicos de calidad

Es obvio que uno de los materiales en que se basa la decoración rústica es la madera. Se puede presentar en varios formatos, más o menos tratada y maciza o laminada, o incluso pequeños toques “testimoniales” en complementos como tiradores, por ejemplo. Pero vaya, que si nos pasamos de testimonial, pues la cosa pierde bastante de esencia rústica.

Además de la decoración, elementos estructurales como las vigas dan un aspecto rústico

Pero además de la madera hay muchos otros materiales que pueden funcionar a la perfección para lograr una esencia más campestre. En distintas proporciones, ya que pueden protagonizar la cocina o presentarse de una manera más discreta. Algunos ejemplos son hierro forjado (que da un toque espectacular, muy señorial en las lámparas colgantes), o piel (que puede forrar taburetes), o latón (para añadir un accesorio que dé aspecto antiguo al conjunto en elementos como lecheras, hueveras o molinillos de café). La piedra y el ladrillo a la vista también son valores que dan mucho realce a la cocina, y ahí sí que no se puede escatimar. Quiero decir, que si usamos piedra y/o ladrillo, tiene que ser como mínimo un muro, o una isla, una encimera o incluso una despensa. ¡Eso último ya es rusticismo nivel Premium!

Por supuesto, elementos estructurales como arcos, jácenas o vigas falsas (hay acabados en madera y metal verdaderamente impresionantes), son un plus al respecto.

Y como en todo, también dentro de la decoración rústica hay grados. Esto depende, por decirlo de alguna forma, de lo mucho o poco “castigados” que hayan sido los materiales. Lógicamente no es lo mismo una madera tosca y en la que se perciban las imperfecciones de la superficie, que una madera bien barnizada. O una piedra lavada a una pulimentada. Aquí la casuística es tan extensa como queramos.

 

Diseño antiguo, electrodomésticos modernos

Existen electrodomésticos diseñados ex profeso para obtener convivir con un entorno rústico. Ellos mismos parecen antiguos (no nos engañemos, muchos de ellos tienen tecnología punta pese a su apariencia, y no son precisamente los más baratos).

Otra manera de alternar ambos conceptos, rústico y moderno, sin pasar por los electrodomésticos, es a través del color. Es decir, mezclando los materiales que hemos comentado en el primer apartado con blanco o negro, por ejemplo. Queda una atmósfera muy bonita y, pese a lo opuesto que podría imaginarse, muy acogedora en ambos casos.

Rústico, sí, pero con electrodomésticos modernos. Y queda genial

Yendo a los electrodomésticos de líneas muy modernas para ambientes rústicos, éstos se están viendo desde hace tiempo en chalets y casas de campo. El truco, y ahí radica la dificultad, está en saber combinar ambos conceptos sin quedarnos cortos ni sin pasarnos. En todo caso, habrá que tener presente que si los materiales son muy, muy toscos a la vista, el contraste con una línea de aparatos de estética muy funcional puede resultar bastante fallido. Lo será mucho menos si ese combo de electrodomésticos de estética moderna se hace con materiales, como decíamos antes, más pulidos, más tratados.

Por último, quiero subrayar el concepto que en los últimos años se maneja en decoración de interiores con más asiduidad: un poco de todo y mucho de nada. Y también si se trata de dar un aire de pueblo a nuestra cocina, por supuesto. Centrarse en una sola dirección estética puede ser un acierto si se ejecuta bien, pero a la vez puede resultar desde aburrido a recargado, e incluso pretencioso. Por ello más vale intentar buscar siempre los puntos donde armonicen los distintos conceptos, así como los términos medios. Puede resultar un poco soso, pero creo firmemente en que se logra más dando “toques de” para conseguir ciertos estilos, que en dar un auténtico baño de un gusto muy particular. Será nuestro gusto, sí, pero es posible que nos acabemos cansando si nos pasamos cuatro… pueblos.

Con pocos detalles podemos dar un pequeño toque de pueblo

 

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