Un toque de color a tu cocina

Algunas de las cosas que distinguen a los catálogos de cocinas actuales de los de hace dos décadas son verdaderamente opuestos. De hecho, y para esto tampoco hace falta tener una memoria de elefante, pocas cocinas recordaremos de los años ’80 y ’90 que estuvieran decoradas íntegramente en blanco. Pero tampoco recordaremos muchas en las que el protagonista fuera el color. Y me refiero a colores vivos, chillones, divertidos. Hay una breve excepción a esto último en esas cocinas que en parte eran herederas de la mítica Movida madrileña, llenas de colores muy llamativos y con detalles de decoración verdaderamente imaginativos. Seguro que si pensamos en alguna película de Almodóvar nos viene la imagen a la cabeza muy rápidamente.

Ahora bien. Estamos hablando de películas. Pero… ¿las cocinas eran en realidad así?

 

Hogares modernos  y divertidos

Esto que voy a escribir es una obviedad, pero no quiero dejar de decirlo, y es que para tener la cocina “invadida” de colores vivos, lo primero es tener la actitud adecuada: tiene que apetecer un montón y hay que estar muy seguro. De no ser así, podemos meternos en camisa de once varas y arrepentirnos más adelante.

Si estamos seguros, vamos allá con algún que otro consejo.

En primer lugar, pongámonos apasionados. Y para ello lo mejor es meternos en el color rojo. Es aconsejable que si el rojo se usa se haga de un modo un tanto prudencial. Porque aunque sin duda es un color que va a quedar bien, de entrada es un tanto chocante, por lo que conviene neutralizarlos o, de alguna manera, encontrar un contraste que los apacigüe, rojos, estaría bien combinarlos con un mobiliario más crema. Existe también la opción de emplear, directamente, tonos de rojo mucho menos… vivaces. Es decir, rojo carruaje o rojo caldero. Siendo más apagados, si los imaginamos en gran formato siguen dando un resultado impactante pero no llegan a cansar.

Si te apetece deorar tu cocina con rojo, el rojo carruaje puede ser una opción menos arriesgada que otros más vivos

Un color que resulta menos arriesgado que el rojo, pero que a la vez es mucho más difícil de encontrar en las cocinas (y en realidad en cualquier estancia de la casa) es el naranja. Es un color que aporta un toque un tanto naïf, por lo que a los niños les encanta. De nuevo nos encontramos con un color que, si dejamos que predomine podemos acabar teniendo una pequeña “sobredosis”. Para evitarlo, podemos mezclar el naranja con casi todas las gamas de blanco y también con otros materiales con sus imperfecciones naturales, como por ejemplo la madera y su veteado.

 

Cocina funcional y alegre

¡Más alegre todavía! Y, si nos ponemos, también más ecológico. Hablo, como ya os imagináis, del verde. El verde oscuro del tipo de la hierba me parece que, pese a ser un color bonito, termina creando una atmósfera opresora. Por lo que yo me decantaría por el verde lima (amarillo, dirán algunos) o por el verde pistacho. Que son claros, refrescantes, muy alegres y no quitan sensación de espacio a la estancia. Es uno de los colores que a todo el mundo gusta y que también convence si lo combinamos con el blanco. Y ahora que lo pienso… ¡este sí que se veía en los ochenta!

¡Un toque ecológico!

De todas formas, el colmo de la luz, el tamaño y la alegría supremos los proporciona el amarillo, que es un color que ya los pintores antiguos sabían que alegraba sus cuadros. Por supuesto, si al amarillo lo combinamos con blanco vamos a triunfar con todo el equipo. Aunque de hecho es uno de esos colores que, aunque sea más bien monotemático y ocupe casi todo el espacio, no se lo comen todo. A no ser que se trate de una gama de lo más chillón, rara vez molestará a la vista. Una de los mejores tonos de amarillo, en mi opinión: el dalia.

Si se busca tener un espacio alegre con el amarillo es imposible fallar

¿Y si no nos decidimos por ningún color pero nos apetece mucho poner alguno? Bueno, una tendencia que se está empezando a llevar ahora es la de pintar las paredes con rayas de todos los colores. Así no falta ningún color. Eso sí, cuando las rayas son demasiado estrechas, el efecto produce un poco de mareo. Lo mejor es que estas tengan un grosor de, como mínimo, cinco centímetros. Otra opción es la de hacer dibujos, pegar serigrafías o, lo que hemos comentado alguna que otra vez en varios post: tirar de vinilos. Esta última es una de las opciones más económicas, variadas y menos arriesgadas, porque en el caso de que al cabo de un tiempo no convenzan son muy fáciles de quitar y sustituir. Pinchando aquí podéis encontrar un poco más de información sobre vinilos.

Una última cosa sobre la luz y el color. Evidentemente ambas cosas son buenas, pero hay que tener cuidado. Si el color es muy claro y la luz es abundante, se puede producir un efecto un poco deslumbrante. Igual es un efecto buscado, pero es que a veces se peca… por exceso.

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