Placas de diseño por poco dinero

Las placas de inducción son, por definición, más caras que las vitrocerámicas o las cocinas de gas. De todas formas, siempre es posible hacerse con una placa de inducción más que decente por un precio más que atractivo. Y ahora se dice con tranquilidad, pero esto ni de lejos ha sido siempre así. Es más, hasta no hace mucho tiempo era un electrodoméstico bastante caro, pero esta circunstancia ha cambiado y no para peor.

De hecho, no es por capricho que las placas de inducción hayan tomado la delantera a los otros tipos de cocina desde hace algunos años. Son mucho mejores, más cómodas, limpias y seguras. Y además, lo que el usuario se puede gastar de más en el aparato en sí, a la larga lo acaba ahorrando en el consumo de energía de éste. Y es que, al calentar los alimentos mucho antes, necesita estar mucho menos tiempo encendido. Vamos a ampliar algunas de estas nociones, y sobre todo… en lo tocante a lo que más duele. Veamos cómo la inducción no tiene por qué resultar por fuerza cara. O no más cara que los otros tipos de placa.

El diseño sale ganando con las placas de inducción

La inducción no siempre es cara

Vamos a empezar por las dos malas noticias. Una ya la sabéis, y es que de promedio, una placa de inducción es algo más cara que una vitro o una cocina de gas (no mucho: dado que cada vez se venden y fabrican más unidades, los fabricantes llevan tiempo ajustando los costes, de manera que la brecha de PVP entre modelos se va haciendo cada vez más pequeña. Ya no se trata de un electrodoméstico prohibitivo para las economías medias). La otra mala noticia es que todo aquel que esté pensando en adquirir una placa de inducción, si es que no tenía antes, tendrá por fuerza que comprar una batería de cocina hecha con materiales ferromagnéticos. Ello, por cierto, no significa que pueda estar fabricada en muchos otros materiales, como titanio, acero inoxidable o cerámica. Pero siempre conteniendo el componente ferromagnético. Es posible que entre nuestros enseres tengamos algún recipiente que ya nos sirva para este tipo de placas y no lo sepamos. Pues bien, la manera de verificarlo es acercando un imán a la base de la olla o sartén. Si se pega, entonces nos sirve (y eso que nos ahorramos!)

Vamos con la buena noticia, ¿no? Comprar una placa de inducción es obtener una garantía de ahorro a largo plazo, en varios conceptos. Y es que el ahorro en dinero será significativo, pero también en tiempo. Para hacernos una idea rápida y sencilla, llevar un litro de agua al punto de ebullición cuesta con una placa de inducción la mitad de tiempo que con una vitrocerámica. Y así todo. También le ahorramos bastantes penas al planeta, porque por cada kWh consumido, una vitro emite 450 gramos de CO2. La diferencia con la placa de inducción es bastante considerable, ya que ésta expulsa a la atmósfera 90 gramos menos.

Lo dicho: cada vez es menos difícil hacerse con modelos de los que dan buen resultado. Veamos una pequeña lista con algunos de ellos.

Balay 3EB917LQ

Teka SPACE IZF 6420

Bosch PKK631B17E

Cata TN 604

¿Existe algo más importante que la seguridad de los niños?

Gas ¿peligro para la salud?

El gas no supone, estrictamente, un problema para la salud. Eso sí, su mal uso o los accidentes que con él podamos tener pueden derivar en problemas que van más allá de un eventual peligro para la salud. ¿Cómo podríamos decirlo? ¡Pueden llegar a ser un peligro para la integridad!

Igual me estoy poniendo un poco catastrofista, es posible. Pero es que realmente y pese a que el gas sigue teniendo sus muchos seguidores, el índice de accidentes es mucho más alto con este tipo de cocinas. Por eso, me parece interesante la inducción en casas en las que hay niños pequeños o personas muy mayores, con las que hay que extremar los cuidados. También es cierto que las cocinas de gas están teniendo un pequeño revival, lo que en la práctica se nota en nuevas funciones que antes no tenían, entre las que se cuenta la seguridad. Las fugas de gas son ahora mucho menores, pero el fuego… sigue estando ahí. Las placas de inducción son, en ese sentido, mucho más seguras. Incluso más seguras que las mismas vitrocerámicas. Y es que, así como las vitros basan su funcionamiento en una resistencia bajo la superficie, las placas de inducción lo hacen en el principio del mismo nombre. Ello supone la generación de un campo magnético y este campo, al contactar con un recipiente metálico ferromagnético, provoca en él el calor: el calor en el metal. Para muestra un botón. No os perdáis este vídeo!

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