Lavavajillas para cocinas pequeñas

En el terreno de los lavavajillas hay, creo yo, una especie de raro término medio. Y es que, a diferencia de lo que se ve en aparatos como las campanas de extracción de humos, la cosa no ha variado mucho. También es cierto que nunca fue el electrodoméstico más bonito del mundo, pero quizá eso sea que no se haya movido mucho de su punto de partida.

En otras palabras, los lavavajillas, desde el punto de vista de la estética, son máquinas bastante anodinas aún. Y es que todavía no se ven modelos tan chulos como los que podemos ver en algunos frigos o en según qué hornos.

Eso sí, hay un tipo de lavavajillas que me parecen una monada, como son los “minis” que se instalan sobre las encimeras. Y, en cualquier caso, no deja de ser un electrodoméstico imprescindible en muchísimos hogares. Y por cierto, no es ningún capricho: sale bastante más caro no tener lavavajillas que tenerlo. ¿Seguro? Seguro no, segurísimo. Veamos el por qué.

 

Lavar a mano no mola

Pues no, lavar a mano no mola mucho. Pero es que además sale caro. Y es que uno de los lugares comunes, aunque cada vez menos compartidos por el usuario medio (menos mal), es que lavar a mano los platos, cubiertos y demás cacharros resulta más económico que hacerlo con el

El lavavajillas de 45 es muy apropiado para cocinas no muy grandes o con pocos usuarios

lavavajillas. Y luego está la otra versión, también muy extendida y perfectamente compatible con la primera: que conviene dar un fregote a lo que vamos a meter en el lavavajillas antes de hacerlo.

Pues bien, ambas son falsas. En primer lugar, lavar a mano implica una cantidad bestial de litros de agua. Si empleamos agua fría, además de la molestia para nosotros, el resultado no será todo lo higiénico que sería deseable, puesto que quedarán vivas muchas de las bacterias en descomposición que hay en cada fregadera. Y si empleamos agua caliente, dos consideraciones. La primera es que como no tengamos manos de amianto, el agua no podrá estar tan caliente como sería deseable. La segunda es que toda esa agua se irá para siempre, por lo que cada gota que no usemos será una gota perdida.

30.6 litros. Esa es la cantidad que, según un informe del Canal de Isabel II, se gasta de más lavando a mano. Esa sería la media diaria que, evidentemente, depende de aspectos como los usuarios, el nivel de suciedad de cada vajilla y… la exigencia de cada cual a la hora de tener platos limpios. Si pensamos sólo en dinero, estamos hablando de algo más de 42 euros al año. Si vamos más allá, las cuentas cantan. 11.169 litros anuales derrochados en cada casa que lave a mano. ¿No es una barbaridad?

¿Y por qué los lavavajillas tendrían que lavar más barato? Por una cuestión muy sencilla, y es que reutilizan el agua en un ciclo sin fin durante todo el lavado. Esto hace que con unos doce litros se pueda poner un lavaplatos. De ella, el gasto principal será el de calentar el agua. Cosa para la que, por otra parte, no parece haber alternativa. Esa agua, cuanto más caliente esté, mucho mejor.

 

Control del gasto

Una de las mejores maneras de controlar el gasto es haciendo una buena planificación previa. Y esto implica el ceñirse a las circunstancias de cada uno. Con esto queremos decir que no nos deberíamos dejar llevar por el pndersrimer impulso a la hora de comprar un electrodoméstico y en este caso un lavavajillas. Ya sé que lo del primer impulso suena demasiado romántico para algo así, pero sí que es cierto que hay una especie de pulsión a comprar un lavavajillas “de los de toda la vida.” Y bien, ¿son siempre necesarios? ¡Pues claro que no! Si es que basta con ver quiénes lo van a usar. ¿Para qué quiere una persona que vive sola, o incluso un matrimonio, un lavavajillas de 16 cubiertos? ¿Y hasta qué punto nos conviene si nuestra cocina es más bien pequeña? Porque según qué lavavajillas se tenga, puede ser un auténtico mamotreto para según qué cocinas se habite.

Ordenar bien el lavavajillas ayuda a disminuir el consumo

No es exagerado. 15 centímetros pueden suponer una enorme diferencia. Por ello, últimamente triunfan cada vez con más frecuencia los lavavajillas estrechos, que suelen medir entre los 45 y los 60 centímetros de ancho. A partir de 60 centímetros estaríamos hablando de lavavajillas convencionales y, en todo caso, aún cabe la posibilidad de hacernos con uno más pequeño que el estrecho de 45 de ancho: el compacto. Lo mencionábamos en la introducción, están pensados para estar sobre la encimera y para lavar no más de seis cubiertos. La postura a la hora de introducir los cacharros para lavar es, por cierto, mucho más cómoda.

Ya sabéis que la etiqueta energética A indica un consumo racional. Hay cuatro niveles de este tipo: A, A+, A++, A+++. El precio a pagar es un poco mayor… y la cantidad a ahorrar también.

 

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