LEDs en la cocina

Últimamente las luces LEDs van situándose en puestos de preferencia. Por pura curiosidad, ¿de dónde viene esa palabra? Pues de Light-Emitting Diode, que vendría a ser algo así como diodo emisor de luz. Aunque quizá lo entendamos mejor si lo definimos como un dispositivo electrónico a través del cual, cuando pasa una corriente electrónica, produce luz. La intensidad puede ser muy variable y también los colores. Como en todos los campos, y aunque en muchos sitios ya se han impuesto, tienen sus ventajas y desventajas. Echemos un vistazo a ambas y a algunas de las posibilidades que suponen para la cocina.

Luces de colores, ¿por qué no?

Ahorro energético mientras cocinas

Quedan fuera de juego las lámparas incandescentes. Es decir, las bombillas de toda la vida. Y es que, según una normativa de la UE de la década pasada, a principios de la presente quedó prohibido fabricarlas y poco después comercializarlas. La razón: casi toda su energía, el 85%, se iba en la generación de calor, y sólo un 15% en la iluminación propiamente dicha. Por lo que, además del enorme gasto de electricidad, el resultado desde el punto de vista de… la vista… no era muy satisfactorio. Así que la comparación que podemos hacer es con las lámparas halógenas y las fluorescentes.

Las ventajas de los LEDs comienzan, evidentemente, por el ahorro energético que suponen. De entrada nos vendrá bien saber qué es un lumen: la unidad del Sistema Internacional de Medidas para medir el flujo luminoso, tal cual lo pone en la Wikipedia. Pues bien, hay distintas variantes de intensidad, que podemos medir en lúmenes por vatio (LPW). Pero por obtener una media más o menos ajustada entre LEDs, bombillas tradicionales y fluorescentes, podríamos decir que la eficacia es unas cinco veces mayor. De todas formas, ya decimos que las posibilidades son grandes dentro de cada gama, con lo que este dato podría ser rebatido si apurásemos mucho.

Respecto a la vida útil, las LEDs son sensiblemente más duraderas, ya que pueden aguantar (dependiendo de los modelos, lógicamente) de 25.000 a 100.000 horas mientras que una halógena media no sobrepasaría en mucho las 1.000 horas. Las fluorescentes también tienen algo que decir, ya que en principio pueden “vivir” entre 15.000 y 40.000 horas.

Cocinar con luz directa es importante

Además, y esto ya tiene una repercusión muy directa en la cocina, este tipo de bombillas desprende mucho menos calor, además de que requiere mucho menos espacio. Pero, como siempre, nos topamos con (¡ay!) la gran desventaja: este tipo de iluminación es bastante más cara. Aunque con el tiempo se va reduciendo su precio, es cierto que sigue siendo sensiblemente más costoso. Eso sí, es opinión unánime que una vez pasados los tres años, este tipo de iluminación resulta ya rentable en comparación con las otras.

Yéndonos directamente al momento de cocinar, tenemos que tener presente que para ello necesitamos una luz blanca, especialmente directa y potente, para que la visión de lo que se tiene que hacer en un espacio muy específico sea óptima.

Las LEDs proporcionan más libertad a la hora de diseñar

Neveras con luz eficiente

Comentábamos antes que las LEDs ocupan menos espacio y emiten menos calor. Esto evidentemente hace que sean las preferidas de los electrodomésticos, pues en todos se busca optimizar su capacidad, con lo que los fabricantes pelean por cada milímetro cúbico que puedan ahorrar. Por ello las LEDs son grandes aliadas en esa batalla. Por otra parte, el hecho de que respecto a las otras luces no sean calurosas incide directamente en la nevera. Y es que dentro de los frigoríficos, el que haya un foco de calor supone que se fuerza al motor del aparato a que trabaje por encima de lo que debería, lo que a la larga puede repercutir en un deterioro más rápido de lo adecuado. En otras palabras, las luces LEDs permiten por su parte una más larga vida útil del frigo.

Además, y ya si nos ponemos decorativos, el espacio mínimo en el que se presentan los puntos de luz permiten “jugar” con las formas, dando lugar a distribuciones de luz con un diseño no sólo más práctico sino también más bonito.

Para conseguir una estancia agradable y ver correctamente se recomienda que existan 200 lux, o lúmenes por metro cuadrado, y por supuesto que exista una cierta homogeneidad sin dar lugar a los espacios más oscuros, que suele ser uno de los más típicos errores en los que se suele incurrir.

¿Y para conseguir un frigorífico eficiente? Pues en resumen, con una LED tendremos una luz fría (¡importante! No habrá calor que perjudique al mecanismo del aparato ni a los alimentos) con una intensidad que supera en cuatro veces a la tradicional. ¡Creo que son muy buenos argumentos! Si se os ocurren más, encantado de que los compartáis aquí.

LEDs en el frigo, una forma de ahorro

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