Lava y seca en un plis plas

En este post nos vamos a fijar en algo que tiene no tanta relación con el diseño como con lo pragmático. Hoy vamos a hablar de la velocidad y… ya puestos… del dinero.

Hoy nos metemos en harina con un aparato que, de alguna manera, condensa dos de las principales necesidades que existen en cualquier casa. La del lavado y el secado. Las lavadoras con función de secado tienen sin duda sus detractores, pero a menudo estos no cuentan con el entorno de los usuarios y sus porqués. Ahora lo desarrollamos.

 

Cuatro razones para tener una lavadora secadora

La primera razón para tener uno de estos electrodomésticos es la falta de espacio en una casa. Y especialmente en según qué zonas. Es decir, si la casa en cuestión es pequeña y está en una zona seca, probablemente este aparato no será tan necesario. Pero si la casa además de ser pequeña se encuentra en una región húmeda o muy fría, la circunstancia cambia, y mucho (como queda demostrado si se echa una ojeada a las cifras de ventas de este tipo de máquinas, por ejemplo, en el norte de la Península Ibérica).

Con una de estas lavadoras, pues, se matan dos pájaros de un tiro. Y lo más importante es que ese tiro… ocupa mucho menos espacio.

La segunda razón es que supone un considerable ahorro de tiempo. Así, no existe la necesidad de hacer el “trasvase” de la lavadora a la secadora (con el peligro añadido de que algunas prendas se caigan al suelo en ese breve camino) con lo que ya de paso, nos ahorramos también la

Supongamos… que queremos estas prendas limpias en el menor tiempo posible

incómoda postura de inclinación de riñones, que además y según de qué tipo sea la colada, puede durar un buen rato. Lo malo, esto sí hay que tenerlo en cuenta, es que la mayoría de las veces, cuando el aparato se pone en modo secadora, no se puede cargar con toda la ropa que habíamos metido en el tambor para lavar. Esto suele suceder si ponemos la lavadora al tope de su carga. Casi siempre, y esta es una de las pegas más importantes, la secadora no acepta todo ese peso, por lo que habría que poner la lavadora con una carga que no excediera el peso máximo de la secadora.

El uso de este aparato implica un gasto mucho menor de dinero que si ponemos una lavadora y una secadora por separado. Ojo, el electrodoméstico en sí es sensiblemente más caro que cualquiera de los dos por separado. Pero el resultado de la suma de precios de una lavadora más una secadora, y ya no sólo el gasto energético, es muchísimo menor que lo que nos gastaríamos en una lavadora con función de secado, en todos los niveles.

Se pueden obtener mejores resultados, sobre todo a nivel de arrugas, ya que no va a existir un gran espacio de tiempo entre que termina el ciclo de lavado y que empieza el de secado. El que la ropa recién lavada no tenga que “esperar” a que la metamos en la secadora, puesto que esta ya se activa automáticamente, es un hecho que nos permitirá tener la ropa mucho mejor preparada cuando tengamos que plancharla. En casas en las que hay mucha faena y se tiene mucha prisa (es decir, sobre todo en aquellas en las que hay niños) esto es prioritario.

Y una quinta razón de postre: estos electrodomésticos ya aúnan la mayoría de funciones que lavadora y secadora tienen por separado… pero en uno solo. Por eso los modelos son más caros cuando se compran, pero terminan resultando más baratos a la larga.

 

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