Las ventajas de un horno microondas

Digamos que esto es una… minicruzada personal (o microcruzada). Me refiero a eso de dar por hecho con tanta facilidad que un microondas sea necesariamente peor que un horno de los de toda la vida. Si vamos a los resultados finales del plato ya cocinado, es posible que algo de verdad haya en eso (aunque ojo, no necesariamente), pero es que si valoramos todos los factores de cada electrodoméstico en su conjunto, y me refiero al espacio que ocupa, a la energía que gasta, al tiempo que invierte, a las funciones que puede llegar a tener y por supuesto al precio definitivo del modelo en sí… pues igual va siendo hora de replantearse alguna que otra cosa.

Este post es para explicar esa “alguna que otra cosa”. 

Instalación más fácil imposible

Prácticos y eficaces

En primer lugar vaya por delante de todo lo anterior un desmentido más que necesario: los microondas no son peligrosos. Las ondas que emiten no ejercen ningún efecto adverso sobre el organismo humano. Y tanto es así que la propia OMS (Organización Mundial de la Salud) ya hace tiempo que se pronunció en ese mismo sentido. El funcionamiento de estos aparatos está basado en ondas electromagnéticas generadas por medio de un dispositivo llamado magnetrón. Y lo que estas ondas hacen es chocar, golpear, a las moléculas de agua que en enorme cantidad hay en el interior de todos los alimentos. Estos microimpactos hacen que esas moléculas entren en un estado de enorme vibración, lo que a la larga supone una fuente de calor, que se irá expandiendo a través de las capas del alimento hasta el exterior.

Es muy importante que tengamos esto muy presente, porque parece que aquello de una mentira repetida mil veces, para muchos se ha convertido en una verdad. Y es una pena, porque ellos se lo están perdiendo.

El caso es que, en primer lugar, un microondas es un electrodoméstico ante todo práctico. Y ello en gran parte se debe a la enorme velocidad de cocción con la que trabaja (que, por cierto, es mayor cuanto menores son los trozos que se introducen). Por ejemplo, se puede asar un pollo en poco más de un cuarto de hora, lo cual ya dice bastante, ¿no? Eso sí, para este caso específico lo adecuado sería hacerlo en un micro con función de grill.

Y ese menor tiempo de uso redunda, como es obvio, en un menor gasto de energía. Concretamente en un ahorro del 70% según el Instituto de la Diversificación y Ahorro de Energía de España. Lo que en efecto tiene que ver con el menor tiempo empleado. Pero es que aunque un horno y un micro estén encendidos exactamente el mismo tiempo, los resultados tampoco son iguales. Ello se debe a que el horno invierte una media de 1.500 vatios frente a la media de menos de 1.000 del horno.

Algo tan sencillo como… esto.

Y respecto a la eficacia, pues ya todos sabemos lo fácil y rápido que resulta descongelar cualquier alimento en el micro, calentar un vaso de leche o darle un simple “achuchón” de calor a un plato que se está quedando medio templado. Cosas que, huelga decirlo, hacer en un horno da mucha más pereza y es más engorroso. Independientemente del tiempo y el gasto que ello suponga.

 

Ahorrando espacio y ganando comodidad

Un microondas, además de ser más reducido que un horno (lo que hay que decir todas las veces que haga falta: no tiene por qué suponer una reducción de sus funciones, pues ya hay micros con función de horno que van mucho más allá del mero descongelado) y por lo tanto ocupar menos espacio, es infinitamente más fácil de instalar. Y es que, a no ser que lo queramos encastrado, es tan fácil como enchufarlo a la pared. Lo que nos permite colocarlo en casi cualquier punto de la cocina. Eso sí, acordémonos de tener el espacio inferior bien vacío de suciedad. ¡Que si no aquello acaba convirtiéndose en un cementerio de migas!

Respecto a la comodidad, esto ya es algo personal. Sé que, cada vez que tengo que meter algo en el horno, el primer paso va a ser vaciarlo de sartenes y dejarlas en algún sitio de la encimera (y me juego lo que sea a que no soy el único del mundo). Pero ya no hablo de eso, que también, sino de los “otros” usos que se le puede dar a un microondas, como por ejemplo el de la desinfección de bayetas. Por no hablar de lo cómodo que resulta, cuando se tiene prisa, ¡calentarte la comida en el mismo recipiente en el que te la vas a comer!

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