Diseños modernos de vinilos

Hay líneas de electrodomésticos que ya de por sí resultan lo suficientemente especiales como para resultar únicas. Ya sea por el color, la forma, los materiales o el tamaño, algunos parecen sacados de un cuento del futuro o una historia de nuestros abuelos. Pero a todo ello se suma una moda que desde hace unos años no para de crecer, como es la de los vinilos decorativos para la cocina.

Un crecimiento, sostenido, eso sí, porque los fabricantes de electrodomésticos, lo he dicho muchas veces en este Blog, llevan mucho tiempo haciendo grandes esfuerzos por presentar modelos de estética cada vez más depurada. De ahí que muchas veces (por no decir que en la inmensa mayoría de las ocasiones) los electrodomésticos “al desnudo” ya son cada vez más satisfactorios como opción decorativa. Pero siempre nos puede dar un punto de locura y entonces…

 

Proceso de instalación

Vamos a echar un vistazo a la cara B del asunto: los vinilos. Mientras en la música volvía el vinilo, en la cocina se introducía por primera

¿Por qué no una nevera de camuflaje?

vez (¿y para siempre, tal vez?) los vinilos decorativos. Es tan difícil enumerar o incluso explicar las posibilidades que los vinilos ofrecen, que podríamos empezar y no acabar nunca. Básicamente, hay tantas como ideas se nos pasen por la mente. De hecho uno de los mayores atractivos de este tipo de complementos es la posibilidad de elaborar el diseño por uno mismo. Basta con llevarlo al establecimiento en que los imprimen y para ello no va a haber problemas, porque cada vez proliferan más. Una playa, letras (nuestra frase o cita preferida de la celebridad X), un dibujo animado, la típica cabina de teléfonos de Londres, una montaña, una pirámide de Egipto (bueno, quizá este motivo no sería demasiado refrescante que digamos), una mascota, el dibujo de un niño o una cerveza bien fresquita. ¡Ah! O un color liso y laso, sin más. Y por cierto, para los que se aburren de ver su casa siempre igual y están continuamente cambiando los marcos de las fotos o los cuadros y las alfombras de sitio, esta puede ser una buena opción. Porque además de todo lo que hemos dicho, esta es una opción bastante económica. Todo tiene cabida y especialmente en nuestro frigo, que para eso es más grande.

Pero vamos a un tema menos… visual, como es el de la propia colocación de los vinilos. Evidentemente se puede acudir para ello a un profesional, pero el principal problema ya sabemos cuál va a ser (€€€) si bien es cierto que la ventaja va a ser mucho más duradera. Si somos un poco manazas, mejor no nos arriesguemos demasiado y soltemos un poco de pasta. Pero si nos atrevemos, vamos a por ello.

En primerísimo lugar, la norma fundamental es tener la superficie sobre la que vayamos a colocar el vinilo autoadhesivo ¡más limpia que una patena! Así que a lavarla se ha dicho. ¿Que cómo? Aplicando alcohol con una bayeta o un paño, y por supuesto con mucho cuidado de no rayar la superficie, sobre todo si es de acero inoxidable.

Una vez tengamos esa superficie bien limpita, colocamos el vinilo y (¡¡¡a muy baja temperatura, con cero vapor y un paño de por medio!!!) pasamos una plancha por encima. Haciéndolo bien, evitaremos las indeseables burbujas o bolsas de aire, que es probablemente el gran enemigo de los valientes que colocan un vinilo por ellos mismos. Y de todas formas… ¿qué es una vulgar burbujita frente a la satisfacción de decorar uno mismo su cocina?

De todas formas  y para posibles arrepentimientos es mejor pegar los vinilos con un poquito de humedad. Basta aplicar en ambos lados de éste un líquido que nosotros hayamos preparado previamente: en un mismo rociador ponemos agua y muy poquito detergente (no hace falta que sea más de una gota), de modo que podamos rociar con la mezcla los dos lados. En vez de la plancha, también podemos usar una espátula e ir repasando milímetro a milímetro las posibles bolsas que se puedan crear con el mismo líquido. Esa humedad, que dicho así parece que va a ser más un obstáculo que otra cosa, lo que nos proporcionará será, ya decimos, la posibilidad de rectificar pasado un tiempo o, incluso, retirar todo el vinilo para volver a empezar.

¿Quieres darle un toque de color a la cocina?

Pongámonos en un mal caso: pasado el tiempo e intentado más de una vez, aún nos quedan burbujas. Pues no problem, lo que tenemos que hacer ahora es, espátula en ristre, presionar con ella a la vez que aplicamos aire templado (o ligerísimamente caliente) con un secador de pelo.

¿Y si nos encontramos “obstáculos” en el camino? Pues si esos obstáculos son salientes o huecos, lo que tenemos que hacer es dar un pequeño pinchacito con la aguja en el lugar problemático en cuestión. Se creará una pequeña fuga que lo hará más moldeable, con lo que bastará con empujar con el dedo o una espátula a fin de adaptarlo al espacio.

¡Vamos! ¡Es más fácil de lo que parece!

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