El diseño en las placas de gas

Lo que parecía un aparato de otra era ahora de repente vuelve a la vida con fuerzas renovadas. Lo que hasta hace no mucho daba a la cocina un aire de antigüedad que no ayudaba nada a que resultara bonita, ahora hace que lo sea o, por lo menos, le da ese toque retro que tan de moda está. Ni un adivino lo hubiera dicho, pero las placas de gas han vuelto y lo han hecho por la puerta grande. A las muchas y nuevas funciones que presentan les acompaña, como no podía ser de otra manera, un gran esfuerzo de los fabricantes para alcanzar diseños cada vez más atractivos.

Placa de gas moderna. ¿A que es bonita?

Seguridad y modernidad

De entrada, aunque funcionen con gas como hace décadas, los materiales con los que las marcas trabajan han cambiado. Con lo que el efecto estético que producen, sin dejar de tener un aire efectivamente, vintage, ha ganado significativamente en modernidad. Parte de esa modernidad la da a las placas de gas el brillo que ahora tienen gracias a una fina capa de cristal templado. Además, está fina capa no se sitúa sobre una placa de metal como lo hacía en el pasado, sino a menudo sobre una base de vitrocerámica. Añadamos a ello lo mucho que los mandos han cambiado desde que en todas las cocinas había una de estas placas de gas hasta el presente. Si antes eran un tipo de ruletas no muy bellas, ahora permanecen pero con diseños más estéticos, y además vienen acompañadas por displays luminosos… es lo que tiene el cambio de siglo.

Pero este cambio estético y de materiales va lógicamente de la mano de un aumento en la cobertura de funciones. De entrada y esto me parece siempre lo más destacable, sobre todo si hablamos de aparatos cuyo uso implica cierto “peligro”, los nuevos acabados hacen que este tipo d

Las combinaciones son numerosas

e cocinas hayan ganado en calidad. Y entre los parámetros más importantes de un concepto tan grande se encuentra la seguridad, claro. Ese cristal templado del que hablábamos da resistencia al propio electrodoméstico, ya que hace que sea mucho más resistente frente a los golpes y rayaduras. Además aguantan mucho mejor las altas temperaturas, por lo que será mucho más difícil que se produzcan esas típicas manchas de metal quemado, tan difíciles de quitar y que tan mala impresión producían.

Pero la seguridad más importante es la de las personas y existen otros mecanismos para garantizar que todo funciona correctamente, como el de los sensores de seguridad que cierran el paso del gas si notan que no hay llama. Además, esos displays luminosos de los que hemos hablado antes suelen presentarse también con indicador del calor residual, por lo que es mucho más fácil estar “avisados” de cuando la placa no se puede tocar. En el pasado nos hubiéramos ahorrado más de un quemazo de haber tenido estos indicadores.

 

De lleno en el siglo XXI!

Cocinar de forma tradicional

No obstante y pese a que no me desdigo en que la seguridad es lo más importante, también es cierto que si un tipo de electrodoméstico vuelve varios años después de casi haber desaparecido de muchas cocinas, lo hará con unas condiciones superiores a las que tenía cuando se fue. Así pues, las placas de gas están de nuevo aquí como un pequeño retorno de lo antiguo, pero sin perder las cosas buenas que ha ido aportando lo moderno. De ellas, la más importante a la hora de la cocina es, probablemente, la posibilidad de tener un control mucho mayor y más directo de la zona de cocción. Y ello, necesariamente, pasa por disponer de varios tipos de llama y que éstos sean sencillos de manejar. A esta tecnología que presenta varios niveles de llama, cada marca le ha puesto un nombre, aunque básicamente las diferencias no existen. Por ejemplo, Bosch la llama FlameSelect.

La modernidad nos presenta este tipo de cocinas también en otros formatos de los que, por cierto, ya hemos hablado por aquí. Me refiero a los de las placas dominó, por lo que pueden aparecer con medidas mucho más pequeñas de lo habitual y combinadas entre sí. De este modo se puede tener, en una misma máquina, una cocina que nos permita cocinar de forma tradicional y otra más actual. Y esto es, al fin y al cabo, la modernidad.

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