Colores modernos en la cocina

Pues… habrá que jugársela un poquito, ¿no? De acuerdo con que habrá que hacerlo conociendo bien nuestras limitaciones y teniendo muy en cuenta que ese color, a no ser que seamos un poco veletas, va a estar ahí para quedarse por mucho tiempo.

Y si no queremos optar por el blanco, dado que es un color tan sumamente empleado en tantísimas cocinas, una opción muy interesante puede ser adornar el espacio parcialmente. En bandas, en pequeños espacios del muro o en una sola pared. De ese modo se puede lograr un impacto sin que el color termine devorando la estancia.

Una opción para el azul y para otros colores: en bandas

La paleta que enamora

Hay un color que es el comodín desde que el hombre es hombre, y ya no hablo de decorar una cocina solamente, porque en realidad este color nos lo encontramos ya en pinturas de hace cinco siglos e incluso los tratadistas del Renacimiento lo ponderaban por dar un tono de viveza a los cuadros.

Es el amarillo, que cumple con un par de premisas que me parecen casi básicas. La primera es que el amarillo es un color alegre y divertido, por lo que rara vez una cocina pintada en amarillo va a ser un lugar triste para estar. Pero es que además cumple con una de las premisas que cualquier decorador de cocinas (y de cualquier espacio en general) va a afirmar: genera espacio visual.

Como hacen los colores claros. En eso el rey sería el blanco, claro… pero ya no sería muy locura que digamos.

Cualquier cocina amarilla será alegre

Cocinando bajo colores

Si nos pasamos a un color como el verde, el resultado será también bonito, sólo que los derroteros irán por otro sitio. Es decir, que una cocina ambientada en verde será una especie de homenaje a la naturaleza. Puede quedar muy bien, e incluso dar un toque relajante a la cocina. Aunque eso sí, hay que tener mucho cuidado con los tonos oscuros. Una cocina en verde claro puede ser un remanso de paz, pero si en vez de utilizar ese recurso la pintamos en verde oscuro probablemente terminará por dar un resultado algo tosco.

Otro color que nos remite a la naturaleza, pero en su vertiente más marina, es el azul. Y desde luego aquí existe el mismo peligro. Bien empleado, la cocina puede acabar resultando un sitio hermoso, tranquilizador, muy bonito. Pero mucho cuidado con los azulones y los azules marinos. Son tonos muy bonitos, por supuesto, pero pueden perfectamente acabar comiéndose todo el espacio de la cocina. El azul turquesa, que para otras cosas puede llegar a ser un color un poco infantil, aquí puede dar un estupendo resultado.

Un verde bien dosificado puede quedar muy bonito

Y por no abandonar del todo el azul, en el caso de que el espacio sea abundante, el violeta puede ser un bonito recurso. Es muy poco empleado porque tiende a la oscuridad, si bien también es muy glamuroso. El caso es que siempre se ha dicho que combina a la perfección con los colores plateados. Y… ¿os suena que haya algún electrodoméstico terminado en acero inoxidable? ¡Hay miles! Pues podría funcionar perfectamente un tándem de ambos, porque esa combinación es fantástica.

Violeta. ¿Demasiado jugársela?

El rojo es la apuesta más apasionante, sí, pero sin duda también es la más peligrosa. Puede quedar demasiado oscuro por lo que sí que es recomendable, como decía al principio, usarlo para adornar algunas partes de la cocina, pero no todas. Ni siquiera, y esto es importante, aunque sea en un rojo claro. Porque es demasiado cálido como para no terminar cansando o, incluso… irritando un poco.

Vamos a terminar con el negro. El color bonito por antonomasia, pero también triste e incluso tétrico, avasallador por lo mucho que ocupa, pero con una carga importante de glamour. Y que nos puede remitir a los años veinte y el art decò o incluso a los cincuenta y a los ochenta, con esos alicatados de cuadraditos blancos y negros tan sencillos pero a la vez tan infalibles. Lo repetiré una y otra vez, y si en los otros lo he dicho, pues aquí con más razón: ¡mucho cuidado con la oscuridad!

Eso sí, si tu cocina es grande, unos buenos golpes de negro pueden darle toda la elegancia del mundo.

Negro, sí… pero sin pasarse

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