Cocinas armoniosas en blanco

Ahora que se acerca la blanca Navidad, ¿qué tal si hablamos un poco del color blanco? El blanco es el color que mejor puede servir a la hora de decorar una cocina. Y más aun si esa es una cocina pequeña.

Si las paredes son blancas, lo son los muebles y también lo son los electrodomésticos, los que usen esa cocina van a tener, de entrada, una sensación espacial que acrecentará en bastante el espacio real disponible. Por eso es el color más recomendado para vestir los espacios pequeños. 

Blanco, sí. Pero con algún pequeño contraste

Consejos de decoración

Más que un consejo esto va a sonar un poco a prevención, pero no está de más decir que las cocinas blancas son auténticos imanes de suciedad, por lo que hay que tener muy en cuenta que si se decide poner la cocina en blanco habrá que ser muy cuidadosos con las manchas y tener claro que a la mínima que aparezcan habrá que limpiarlas si no queremos que se convierta en una cocina con aspecto no muy… higiénico que digamos. Y esto vale casi por igual para los que deciden decorar la casa en colores claros.

Lo que muchas personas hacen es, también, volver a pintar la cocina cada cierto tiempo. Aunque eso sólo lo hacen los muy manitas o los que tienen mucho tiempo, que no es el caso de todo el mundo. Dicha esta pequeña clave negativa, casi podría decirse que todo el resto no son más que ventajas.

De entrada, este es un color que se puede emplear combinado con cualquier otro y, además, sirve para crear casi cualquier tipo de atmósfera, desde la más moderna hasta la más rústica o vintage.

Una alfombra rompe la maonotonía y no quita espacio

Siempre es aconsejable dejar un pequeño espacio de color para romper la uniformidad. Ya sea una pared, la puerta o un electrodoméstico. Lo que se busca con ello es que la sensación no termine siendo de una “pureza” demasiado cargante. Si no, podríamos pasarnos de rosca y lo que se pretendía que fuera un recurso para dar espacio se convierta en un espacio que dé la sensación de una monotonía un poco agobiante.

Esa función, si es que finalmente optamos por dársela a la pared, la puede cumplir la pintura, pero también, un papel con un estampado o un alicatado bonito. El vinilo puede sernos también de gran ayuda.

Y si los encargados de romper esa uniformidad no son pared, puerta o electrodoméstico, siempre se puede recurrir al pequeño mobiliario, como la encimera, la mesa del desayuno, o los taburetes de esta. Y si los taburetes son de un color cada uno, pues mejor, así le darán un aire superalegre a la cocina. No será difícil, porque como ya he dicho: el blanco combina de maravilla prácticamente con todo.

Y para quien insista en que tiene una cocina verdaderamente pequeña, y que por ello no puede empezar a añadir cosas de otro color, ya que de ese modo se podrá perder el efecto de la amplitud, existe una solución. Para “contrarrestar” ese color que, lógicamente, no tiene la misión de ampliar el espacio visual sino de romper con la monotonía, una estupenda opción puede ser el colocar un espejo horizontal lo más amplio posible. Ensancha la sensación de volumen y además refleja la luz.

Y una alfombra grande, ¿por qué no?

Otra cosa que siempre, siempre, siempre, va a quedar bien con el blanco (y en realidad con cualquier otro color, pero especialmente con el blanco) son las flores. Y la vegetación, en general. De por sí alegra la vida y limpia el ambiente, pero es que además logra aplacar cierta sensación de central nuclear que puede llegar a generar una cocina enteramente blanca.

Últimamente está de moda una cosa que no he contrastado con nadie que lo tenga en su cocina, pero de entrada no me parece una mala idea: poner una alfombra (y no me refiero a una pequeña alfombrilla). El peligro en este caso son dos: que se puede manchar con facilidad, por lo que más nos vale pegarnos media vida en la lavandería o poner una alfombra oscura (no quitará apenas sensación de espacio, ya que al estar en el suelo su protagonismo es mucho menor) y que puede provocar ciertos accidentes si nos tropezamos con ella. Lo que si se lleva algo muy caliente puede ser un peligro, por lo que hay que pensárselo dos veces antes de decidirse.

Eso sí, una vez puestas en la cocina, la verdad es que las fotos que he visto me parecen una chulada. Es como de otro tiempo… pero más actual que nunca. Cosas de la moda, supongo.

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