Campanas que enamoran… con sus funciones

Hola a todos otra vez. Cada vez estoy más convencido de que si hay algo que puede destacar en una cocina, si existe un aparato (no un complemento: un aparato, con todas las funcionalidades que ello supone) con el que los habitantes de una casa pueden dar a una cocina el toque estético definitivo, ese aparato es la campana de extracción. Y no creo estar exagerando. Es que de hecho es un electrodoméstico que a menudo se encuentra en el centro de la cocina, cuando en ésta hay una isla. Y cuando no está en el centro, muchas veces destaca incluso desde la pared. Basta para entenderlo con cualquiera de las llamadas campanas decorativas de pared. Incluso en la sencillez de algunas, al tener otra forma de la que tienen los armaritos que las rodean, ya destacan.

De ahí a encontrar la campana que nos enamore va un trecho, pero… esa es una misión que cada vez resulta menos imposible.

 

Funcionalidades en un estilo moderno

En todo caso no debemos perder de vista el objetivo puro y duro de las campanas de extracción, que no es otra cosa que el limpiar el aire de nuestra cocina. Si además hacen que ésta esté más bonita, pues bienvenido sea el añadido… pero estemos a lo que estamos.

La estética de las campanas viene, obviamente, condicionada por sus necesidades técnicas

Se necesita que el mecanismo sea capaz de “arrancar” de la atmósfera algo tan sumamente antihigiénico como la grasa que hay en suspensión en el aire en forma de minipartículas dispuestas no sólo a introducirse en nuestro aparato respiratorio sino, también, preparadas para adherirse a nuestras paredes. Pero claro, para ello es importante que, además de que ese mecanismo sea lo más eficaz posible, no interfiera en la medida de lo posible en nuestro espacio “vital”. O, en otras palabras, que no nos quite espacio en la cocina. Y que además nos haga gastar lo menos posible en energía, claro.

Lo primero de todo, cuando se trata de adquirir una campana, es que ésta tenga las dimensiones correctas. Y para ello existe una fórmula muy concreta para la que hay que tener en cuenta, como es lógico, las dimensiones de la cocina. Sólo que esa fórmula calcula únicamente el caudal mínimo de extracción.

Pero ello no significa que ese dato se exacto. O mejor dicho, sí lo es sólo que tirando a la baja. Lo más aconsejable es que la campana sobrepase en algo de potencia a la estrictamente necesaria. Para calcular la potencia extractora que la máquina debe tener hay que multiplicar el volumen de la cocina por doce revoluciones por hora. Así que, para los que os perdierais la lección de geometría, una pequeña información: el volumen se calcula multiplicando las tres medidas del cuerpo que sea (largo x alto x ancho de la cocina). El resultado final se da en metros cúbicos por hora. Aunque ese mismo resultado, en una cocina, se puede reducir en un 30% (no hay más que multiplicarlo por 0.7). El motivo es simple, y es que se supone que de media, en cada cocina el espacio “perdido” en vestirla con muebles y electrodomésticos es ese.

No obstante, como hemos dicho, más vale no quedarse cortos y pasarnos un poquitín. Si hay que redondear… ¡mejor que sea hacia arriba!

 

Y encima, silenciosas

El ruido es sin lugar a dudas una de las peores desventajas de este tipo de aparatos… por no decir que es absolutamente la peor y más desagradable. Y por eso mismo las marcas han investigado mucho al respecto, con lo que a día de hoy tenemos un montón de modelos que tienen en el menor ruido posible de las campanas uno de sus principales argumentos.

Se trata, en última instancia, de evitar esto.

Pero conviene, como hemos hecho con la potencia de extracción, centrar un poco la cuestión en el campo de los números. ¿Qué es un ruido molesto? ¿En qué se traduce eso exactamente? Porque está claro que en la tienda nos van a decir que su modelo es muy silencioso. Como también que en el catálogo nos aparecerán conceptos como “Función extra-silencio” y cosas por el estilo. En el primer caso más nos vale no pecar de confiados ni siquiera aunque enciendan la campana en nuestra presencia. Porque en cualquier tienda hay un trajín de fondo que nos va a distraer del ruido real y efectivo que hace el motor en cuestión. Y respecto al catálogo… pues eso, que dirá algo parecido y nos lo tendremos que creer sí o sí. O… mejor no.

En cuyo caso lo mejor es tener ciertas cosas claras respecto a los decibelios. Por supuesto, el umbral de lo que a uno le molesta o no le importa ni un pimiento es algo muy personal. Pero a modo de dato, creo que importante, conviene saber que la media de ruido emitido por una campana es de entre 70 y 80 decibelios estando a tope. Si el modelo pasa de ahí… muy mal. Si no pasa de los 60 estando a toda potencia, podemos empezar a considerar que es una campana bastante cómoda para nuestros tímpanos.

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