El blanco en la cocina

El blanco es el color de los colores… aunque a la vez sea el “no color”. Sea la que sea la estancia de la casa en que se use, está claro que el blanco va a aportar luminosidad y espacio. Pero nuestro microcosmos es la cocina, así que os emplazo a que entréis en ella. Al final del pasillo a la izquierda, estáis en vuestra  casa…

 

Cocinas con estilos modernos

Una de las características más curiosas del blanco es que se trata de un color totalmente atemporal y, por lo tanto, que a fin de cuentas es lo que se dice todo un clásico. Y lo de que sea atemporal no se nos debe pasar por alto, ya que eso significa que es una herramienta perfecta tanto para “construir” una cocina moderna como para hacer de ésta un canto a lo vintage.

Cocina blanca = cocina espaciosa

Y es que el blanco no es que sea un buen color para el minimalismo, es que es “el” color para el minimalismo. La simplicidad del mismo combina de manera insuperable con las formas, que son, también, esencialmente muy básicas. Eso sí, en mi opinión, en las cocinas (y en todos los demás sitios de la casa), el minimalismo puede pasarse un poco de rosca si no se emplea con un poco de contención.

En otras palabras, que si no se tiene un poco de cuidado y no se pone la cocina en otro color que no sea el blanco, puede acabar dando una sensación un tanto saturada. ¿Bonita? Puede ser. Pero el problema está en que pueda transmitir una impresión demasiado… “nuclear”. Para evitar esa incómoda sensación, en realidad no existe una gran dificultad. Basta con añadir algún toque de color, que puede ser un pequeño mueble, un par de sillas o, por qué no, también un electrodoméstico (los microondas se utilizan mucho para esos pequeños “toques” de color, ya que no son invasivos pero logran el objetivo).

Es aconsejable “rebajar” la sensación de blanco total con pequeños toques de negro

Y para los… cómo lo diría… puristas del minimalismo, existe un color que es una estupenda opción a la hora de mezclar con el blanco. ¿De qué color estamos hablando? ¡Bingo!, del negro. Y lo es por varios motivos, a saber: a) porque es el segundo color más minimalista del mundo después del blanco, siendo perfecta la combinación de ambos, b) porque con muy poquito se puede hacer mucho y c) porque en el propio mercado hay mucha más oferta para la cocina de artículos en negro que de artículos en cualquier otro color, si exceptuamos el blanco. El otro gran color en ventas sería el gris plateado del acero inoxidable, sólo que pese a que es un color muy elegante (y un material higiénico y resistente) no pega tanto con el blanco.

 

El blanco manda

Existe también la posibilidad de buscar en el blanco no tanto una herramienta para buscar una estética moderna, como la referencia… geográfica. El blanco, para esto, destaca a la hora de conseguir tanto ambientes sureños como nórdicos. Para concretar, estaríamos hablando de atmósferas mediterráneas y escandinavas. ¿La diferencia? En realidad se encuentra en detalles muy pequeños, eso sí partiendo de unas premisas previas. Pero no por ello son menos efectivos.

Otra posibilidad es meter el blanco dentro de un entorno más oscuro

Para dar una sensación mediterránea a la cocina, y aquí vienen las premisas de las que hablaba, la mejor ayuda no viene del color, sino de la luz. Una cocina bien iluminada ya tiene un 50% de mediterránea. En el litoral mediterráneo se estila algo que, aunque nos parezca extraño, no abunda mucho fuera de esta órbita: los visillos. Si a ello le sumamos el característico frutero con naranjas y limones (con el que además de dar un toque alegre rompemos un poco la monotonía monocromática) ya nos estamos acercando un poco a la playa.

Si lo que buscamos es un toque más escandinavo, la iluminación es menos importante que en el supuesto anterior, aunque tampoco es un inconveniente (simplemente no es tan necesaria. Las cosas como son: ahí arriba no tienen la luz de la que disfrutamos nosotros). Aquí se hace en cambio más importante el contraste entre materiales. Una pared de ladrillo a vista descubierta puede ser una gran solución, aunque ya implica obras y eso siempre es un engorro. La madera puede ser ese otro material, y no necesariamente es algo complicado de implementar. Cuatro sillas de Ikea (de madera, insisto) nos pueden hacer sentir en la mismísima Estocolmo.

Eso sí, que queréis la cocina en blanco. ¡Perfecto!. Eso sí, preparaos para limpiar. El que algo quiere algo le cuesta.

 

 

 

 

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