Campanas decorativas de cristal

El de las campanas decorativas de cristal es probablemente uno de los temas más agradecidos de los que toco en este Blog. Y eso se debe, sobre todo, a la enorme variedad de modelos que existe dentro de este tipo. Y, lo que es más, al gran abanico de tipologías que hay en torno a este electrodoméstico.

Aunque hoy vamos a hablar de dos cosas un poco menos “decorativas” y más pragmáticas. Dos aspectos tan básicos como son la limpieza y la capacidad de extracción de estos aparatos.

 

Fácil limpieza

No es la limpieza una de las tareas más difíciles de las que rodean a las campanas extractoras de las cocinas, pero desde luego es la más importante. En primer lugar es importante que entendamos que los gases, el humo que aspira una campana extractora, no dejan de ser otra cosa que grasa atomizada. Y esto significa, para que veamos lo importante que la limpieza es, bacterias en descomposición. Es decir, que tenemos sobre nuestras cabezas un foco de infecciones si es que no nos andamos con mucho cuidado y lo limpiamos con cierta periodicidad.

Las campanas extractoras de cristal dan a la cocina, entre otras cosas, ligereza

Por supuesto y como pasa con todos los electrodomésticos, estos nos durarán más cuanto más rigurosos seamos con su limpieza. Y cuanto más cuidado tengamos, por cierto, lo que excluye de raíz a los productos corrosivos, pero también, mucho cuidado con los rascadores de cristal: bajo ningún concepto deben ser usados. Y sin salirnos del caso concreto de las campanas de vidrio no será algo especialmente difícil, ya que nos tenemos que poner con ellas como con cualquier superficie plana de este material. Es decir, un buen producto limpiacristales y frotar con una tela o paño suaves.

Por cierto, que cuando hablamos de “productos limpiacristales”, y en general esto es válido para todo aquello que sirva para limpiar el aparato que sea, los mismos fabricantes suelen vender a través de sus webs este tipo de artículos. Que, obviamente, son específicos para estos electrodomésticos y por lo tanto mucho más eficaces.

Y estos mismos procedimientos valdrían no sólo para las campanas de cristal, sino también tanto para las de aluminio como para las de plástico.

Dicho esto, donde más se concentra, y con diferencia, la porquería de la grasa volatilizada, es en los filtros. Por ello cambiarlos cada dos meses es una buena medida, para nada exagerada, si es que queremos que a) funcionen correctamente, b) no nos interesa tener bacterias en descomposición sobre nuestra placa.

No es difícil hacerlo. Basta con extraerlos de la campana (suelen tener una pequeña muesca de bloqueo y al retirarla el filtro cae por su propio peso, de modo que con la otra mano hay que “recibirlo”). Una vez extraídos, se pueden limpiar en el propio lavavajillas o, si se prefiere y en el

¡Qué mezcla tan bonita de materiales!

caso de que tuviera restos incrustados, frotando con un cepillo mojado en jabón y agua caliente. Por supuesto, antes de devolver los filtros a la campana, tenemos que estar seguros de que estén perfectamente aclarados y secos. De hecho, un exceso de humedad podría ser perjudicial para el mecanismo interno del aparato. Volver a ponerlo en su sitio, por cierto, es muy fácil, pero a veces las anchuras de los filtros difieren en muy pocos milímetros, los cuales son suficientes para que cada uno sólo quepa en su espacio. Es decir, que aunque de primeras no podamos devolverlos a su sitio, no nos debemos preocupar, simplemente es que nos hemos equivocado de espacio.

 

Gran capacidad de extracción

La campana, ya sea de cristal, acero inoxidable (que a todo esto, es con diferencia el material más limpio y fácil de mantener limpio que hay) o plástico tiene unos requerimientos técnicos respecto a la capacidad de extracción que evidentemente no se pueden obviar.

Y esta capacidad se representa en la unidad de medida de metros cúbicos por hora, que se calculan haciendo una multiplicación simple: metros cuadrados x altura x 12 revoluciones por hora. El resultado final es el número de metros cúbicos por hora de aspiración. No obstante lo cual y aunque resultado sólo salga uno: es mejor pasarse un poquitín que ceñirse exactamente al resultado. Al igual que es mejor que la superficie de la campana sea ligeramente mayor que la de la placa. De este modo nos dará un servicio mucho mejor.

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